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Como puedo subir fotos?

Como puedo subir fotos?

Estos dias, pasan y pasan y no puedo subir fotos, no puedo, estoy un poco desesperada, hola como estan?, hoy entre otras cosas aprendi a cocinar gyoza, y bueno, tambien estuve en la escuela,pero en la vida es importante cocinar gyoza, tratando de hacer cosas productivas, aunque no estoy a la carrera y presionada como siempre, estoy en un tipo de vacaciones, de una semana a la cual ya le estoy viendo el final de sus dias, bueno, eso si sigo levantandome temprano, eso quiero, quiero seguir levantandome temprano, lleva dos dias, eso despues de mi semana de vacaciones, y bueno, ahora me siento mejor!
y quiero seguir con mis cosas, y proyectos personales y escolares, personales son simples, poner cortinas, en lugar de papel de china, y que tengo pegado en mi ventana, y ademas, es papel de china rosa, así es que en mi cuarto, la luz entra rosita, y quiero despues de cuatro años, poner una , si Una Cortina normal, al fin. no entiendo mi decidia, tambien quitar por completo el papel tapiz, así como entrar de lleno a la
clase de natación, y ser constante, hay si no? mi lista de propósitos publicada!, tal vez sintiendo presión social, ahora si me dedique de lleno a cumplir y ser responsable, pintar las paredes de blanco y la duela azul cielo, bueno, y caminar, seguir caminando mucho, hay si, mis propósitos 2005, como en la primaria, Niños! escriban en una hoja sus propósitos!, y yo escribía, 1.- portarme bien,2.- hacer todas mis tareas, 3.-estar en la primera fila (la primera fila es nomás para los listos),4.- no copiar en los exámenes, y al final hacia como siempre!, un comentario al margen, si, y además no rebasar por la derecha, porque...., y nisiquiera sabía manejar!...

Como puedo subir fotos?

Como puedo subir fotos?

Estos dias, pasan y pasan y no puedo subir fotos, no puedo, estoy un poco desesperada, hola como estan?, hoy entre otras cosas aprendi a cocinar gyoza, y bueno, estuve en la escuela, tratando de hacer cosas productivas, aunque no estoy a la carrera y presionada como siempre, estoy en un tipo de vacaciones, de una semana a la cual ya le estoy viendo el final de sus dias, bueno, eso si sigo levantandome temprano, eso quiero, quiero seguir levantandome temprano, lleva dos dias, eso despues de mi semana de vacaciones, y bueno, ahora me siento mejor!
y quiero seguir con mis cosas, y proyectos personales y escolares, personales son simples, poner cortinas, en lugar de papel de china, y que tengo pegado en mi ventana, y ademas, es papel de china rosa, así es que en mi cuarto, la luz entra rosita, y quiero despues de cuatro años, poner una , si Una Cortina normal, al fin. no entiendo mi decidia, tambien quitar por completo el papel tapiz, así como entrar de lleno a la
clase de natación, y ser constante, hay si no? mi lista de propósitos publicada!, tal vez sintiendo presión social, ahora si me dedique de lleno a cumplir y ser responsable, pintar las paredes de blanco y la duela azul cielo, bueno, y caminar, seguir caminando mucho, hay si, mis propósitos 2005, como en la primaria, Niños! escriban en una hoja sus propósitos!, y yo escribía, 1.- portarme bien,2.- hacer todas mis tareas, 3.-estar en la primera fila (la primera fila es nomás para los listos),4.- no copiar en los exámenes, y al final hacia como siempre!, un comentario al margen, si, y además no rebasar por la derecha, porque...., y nisiquiera sabía manejar!...

el tapiz

el tapiz

estoy quitando el papel tapiz, la verdad es que me está costando mucho
trabajo y esque el que lo puso, pues que obra de arte, lo hizo muy bien, éste tapiz, salió en mi corto, pero el tiempo pasó y se quedó, como es un paisaje perfecto, me aburrió, hasta que lo comencé a odiar, llegó a vivir Kimi, una amiga japonesa, y le dije que odiaba al poster, cada que pasaba frente a él. le lanzaba injurias, hasta que un día descubrí a Kimi, despegandolo cuidadosamente, y le pregunté, Qué haceeeeessss? ella me contestó, nada, lo estoy despegando, a ti te cae mal no?, y le dije, bueno, yo te ayudo, y comencé a despegarlo, pero al mismo tiempo que lo despegaba, no me convencía, de porqué estabamos haciendo eso, apenas llevabamos, unos rasguños en el tapiz, y yo pensaba que no había marcha atrás. al otro día le dije a Kimi muy seria, Mira Kimi, si odiaba el tapiz, pero yo decidìa cuando quitarlo, entonces, se puso seria, y ya no me dijo nada, sólo cuando se fué dijo, esa pared me dice algo, claro estaba el paisaje, abierto a rasguños.

La Primavera

La Primavera

Escribo sin pensar, eso es bueno, ahora las mañanas son las noches, las noches las mañanas, porque el sol está calcinante, quiero salir, caminar comprar algo, de comer, o de tomar, me comí un cuernito integral, caminando por el parque, y jabones, y pasta de dientes, mañana será otro día, pues si, me he deshecho de mi antigua cama, me urgía, por años, solo regalandola, espero que le vaya bien en su nuevo hogar.
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Desde los 12

Desde más o menos los 12 años sentía vergüenza cuando otras personas, niños o adultos me veían junto a mi madre. Pensaba que a esa edad un niño debía estar solo, separado de su madre de por vida. No reparaba en que aún la necesitaba, y que por lo tanto ella tenía el derecho sobre mí. Lo más raro es que a pesar de tener tal aprehensión, a la fecha tengo 27 años no he podido separarme de ella completamente. Al menos todavía vivimos juntos.
El jueves me acordé muy tarde –demasiado para quien quiere esconder algo a los demás y necesita planearlo todo meticulosamente- que no tenía carro para llegar a la calle donde nos esperaría el autobús a las 5:00 de la mañana. Pensé en llamar a un sitio de taxis pero no encontré la sección amarilla; cuando le pregunté a mi madre donde podía estar o si ella tenía por casualidad un teléfono, inmediatamente se ofreció a llevarme, mostrando una gran alegría como si al serme útil, de paso se aseguraba de que todo era seguro: el trayecto hacia donde estaba el autobús y el aspecto del autobús y de las personas que viajarían en él, estudiantes y maestros de una escuela de arquitectura. Yo le dije que no se molestara, era demasiado temprano, no me parecía justo que una mujer de su edad (60 años), se sacrificara así por su hijo. Ella contestó que no era molestia, lo hacía con gusto, y aprovechaba para madrugar y extender su día al máximo, (mi madre es una persona que prefiere estar despierta a dormida, al contrario, creo yo, de la mayoría; de niño recuerdo que tenía pesadillas y al despertarme a mitad de la noche, la buscaba en su cama y me encontraba a mi padre solo y roncando, mientras que ella estaba en la cocina fumando, comiendo pan con leche caliente. Una noche, en vez de preguntarme, porque estaba despierto, me preguntó sonriendo y mostrando sus dientes, porque me había levantado tan temprano). Mi madre siempre habla de aprovechar el tiempo, como si se tratara de algo moral, pero con los años, me he dado cuenta que ese extraño horario que no coincide con el de los demás, es un pretexto para estar sola. Mientras unos duermen ella está despierta, mientras unos comen, ella trabaja, cuando ella come los otros toman la siesta.
Odio que mi madre me ofrezca ayuda, pero siempre que lo hace, debo aceptar que veo las comodidades implícitas en dicha oferta. Quizá lo único anormal que hay en que una madre te ayude eternamente es que a la mayoría su madre les dá la espalda como los animales en la jungla le dan la espalda a sus crías. Eso pensé el jueves cuando acepté su ofrecimiento, y el viernes en la mañana de camino al autobús. Tal era mi aprehensión que al acercanos al autobús encogí los hombros instintivamente preocupado de que alguien me viera llegar con mi madre. Con tono firme y casi represivo le ordené que se detuviese unos 20 metros adelante del autobús. Antes de bajarme pensé en quedarme, olvidar el viaje y vivir la condena de mi vergüenza en soledad, sin embargo pude asegurarme al girar la cabeza, que nadie estaba mirando hacia donde estaba el carro: de hecho tan solo unos cuantos estudiantes 9 años más jóvenes que yo habían llegado puntuales a la cita. Suspiré y le dí un beso en la mejilla. Ella me dijo “Te quiero” y antes de que cerrara la puerta “Diviértete”.
Yo no soy un arquitecto. No soy nada. En un mundo como el nuestro interrumpir la universidad es firmar tu certificado de defunción. Es aún peor condenarte sin necesidad, salirte de la escuela creyendo que la vida puede ser inmensamente más interesante en un puesto de trabajo que te permita ahorrar para salir de vacaciones. Ese fue y es mi problema, creer. Creer que algo mejor se oculta en la realidad.
Ahora soy el mejor amigo fracasado y atormentado de mi mejor amigo: un arquitecto profesor de diseño en una escuela de arquitectura. El viernes, Gabriel se disponía a llevar a varios jóvenes a un pueblo al otro lado de la frontera, a 3 horas exactamente para ver una antigua base aerea del ejército, convertida en museo de arte, en medio de la pradera. Un santuario campestre para gozar del arte. Los arquitectos estaban interesados porque las obras que ahí se exponían eran esculturas que tenían que ver con volúmenes, estructuras, aprovechamiento del espacio, simetría. A Gabriel lo acompañaban otros tres profesores, dos mujeres y un hombre, además de los cerca de 30 alumnos, entre los que se distinguía entre todos, un joven vestido de mujer de ojos color caoba. Gabriel me había invitado, según creía, para resarcirme, por todas las llamadas no devueltas. Creo que se sentía culpable por tener tanto éxito, estar enamorado y tener un mejor amigo ahogado en un pantano de displicencia, a quien no podía ver lo suficiente para considerarlo todavía su mejor amigo.
Lo primero que hice fue localizarlo. Me daba miedo estar entre todos esos jóvenes que con los años serían mejores que yo (me refiero a mejores personas y lo que eso signifique) y estar sólo a su lado me hacía sentir incómodo. Por suerte Gabriel ya había llegado. Estaba adentro de un carro estacionado resguardándose del frio jugando con su novia en la orilla que separa un beso. Que imagen tan bella cuando dos se hablan tan cerca y se confunden entre ellos, parecen la misma persona. Gabriel me vió y más que darle gusto reaccionó como si se tratara de una señal que le avisaba que era hora de bajarse y despedirse definitivamente de la mujer que amaba. El bajó y ella me saludó con la mano y arrancó sin dudar. Gabriel me saludó con un abrazo muy brusco y efusivo “Que tal Mauricio”.

Manuel Llaneza S.

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